miércoles, 21 de mayo de 2014

"Ante la ley", impactante muestra fotográfica en el Museo de la memoria

Por Nahir Saieg

En Córdoba al 2019 es posible apreciar el testimonio visual de uno de los momentos claves de nuestra historia contemporánea, los juicios a los genocidas de la última dictadura militar.


La escalera que conduce a la muestra es blanca y está muy iluminada, inmensos ventanales de esa casa vieja, que es el Museo de la memoria, le dan claridad al recinto. Pero rápidamente es posible percibir que contiene algo que no le pertenece a la escalera misma, un dejo de oscuridad. Nombres. Nombres y años. Nombres de asesino, de genocidas de la última dictadura militar y los años que les correspondieron de condena. Escalón por escalón uno va pisando a aquellos que tanto torturaron, que tanto mal hicieron. Y al ingresar a la muestra, las fotografías terminan de darle ese condimento al ambiente, no es un ambiente más, se respira algo mucho más profundo y mucho más inexplicable que en una muestra normal.




Los fotógrafos encargados de “Ante la ley” son Silvio Morisconi, Hector Río, Matías Sarlo de Rosario. Federico Casinelli, Jorge Olmos Sgrosso, Fabían Font, Diego Araoz de Tucumán. Sergio Goya de Buenos Aires. Helen Zout de La Plata y Sandra Siviero de Córdoba. 



El objetivo de la presentación es mostrar una selección, un testimonio visual de todos esos juicios realizados de 2003 en adelante que buscan establecer justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la última dictadura militar. Es posible darse cuenta de que el impacto que tienen estas fotos va más allá de su peso histórico y el rastro de la muerte detrás de esos rostros, es la necesidad de plasmar la justicia. Sí, tarde. Pero llegó. Es ver esos rostros y saber que les llegó la hora de pagar. Es ver a esos familiares y saber que van a poder tener aunque sea un poco de paz. 

En plena calle Córdoba, hay un lugar ajeno a los gritos y al apuro, un lugar que te inspira a mantenerte en silencio, a ofrecerle respeto a esas fotos de familiares que lloran esperando una sentencia, un lugar que te obligan a mirar con recelo las fotos de los asesinos que esperan la condena, algunos abatidos y otros orgullosos de sus crímenes hasta el final.


En el recorrido de la muestra también pueden apreciarse frases de poetas nacionales que terminan de enmarcar el lugar para dar paso a la reflexión. Vale la pena darse un rato a uno mismo para ir al Museo de la Memoria y dejarse llevar por la historia, que a fin de cuentas no es más que nuestra historia. 

RECORRIENDO LA MÚSICA DE LITO NEBBIA

RECORRIENDO LA MÚSICA DE LITO NEBBIA

Yo sé que al final el amor todo mío será

Con apuro y más que nada que con ganas de disfrutar, una noche de miércoles 30 de Abril caían pequeñas gotas y mi dilema era este: salir con amigos a ver un recital o quedarme en casa. Cuando leí que tocaban tantos artistas juntos no dudé en pensarlo ni un segundo.

Salí de la facultad y encaré directo, con parada obligatoria en casa para comer, al nuevo espacio renovado de la Sala Lavardén. Ahora se llama Plataforma Lavardén y tiene actividades culturales por doquier. Entre todas, se destacan recitales tributo a grandes artistas de nuestra música que titularon "Queremos Tanto A...", pasaron artistas como Sumo, Virus, Spinetta, Charly García, etc. 

La ocasión esta vez fue dedicada a Lito Nebbia (cantante y gran compositor de Los Gatos). Las bandas encargadas del tributo fueron: Los Commoners (dúo musical en manos de Mauricio Vera en guitarra y voz y Juan Manuel Robles en voz) acompañados por Nicolás Colombo en bajo y Joaquín Pellegrini en teclados, este dúo que fue considerado tanto por Teresa Parodi como Hilda Lizarazu como uno de los mejores dúos que suenan de la ciudad, repasó canciones tanto de la carrera solista como de la vida en Los Gatos. 

De todo el show se puede destacar la presencia sobre el escenario de Juan Manuel, que a veces se transforma en un niño de cinco años en el que la batería es un juguete raro que suena fuerte pero a la vez gusta y salta y revolotea entre distintos acordes de una canción. Por su parte Vera es más conservador, pero no se calma al colgarse una guitarra y tocar unos solos que limitan la locura. Unos covers bien propuestos y practicados por estos jóvenes rodeados de grandes.
El dúo Los Commoners brilló en el comienzo de la noche.
Más tarde llegó el turno de Federico Leites, músico y productor de arte, que junto a Federico Baronio en guitarra se despojaron de las versiones clásicas acústicas y hasta a veces recitaron algunas de las canciones del ex Gatos Salvajes. Tomemos nota de esto: dentro de la vasta carrera que tiene Lito Nebbia como compositor solo se lo recuerdan por grandes composiciones como "Solo se trata de vivir" o "La balsa", y dichas canciones fueron recordadas en más de una oportunidad.
Fede Leites interpretó versiones a capella que fueron ovacionados por el público.
Ya llegando al final, subió una de las bandas con mayor proyección musical: Degradé. La banda liderada por Nahuel Marquet (portando su famoso acordeón) y Emiliano Cattaneo (con una remera a rayas recordando al personaje Wally) despojada de las versiones de la trova, le agregaron su pop que los caracteriza desde hace 20 años y dieron versiones exquísitas para nuestros oídos. Todavía recuerdo a todo el público cantando "Soy de cualquier lugar" y "Rosemary", porque esa es la magia de Degradé en sus shows: siempre te invita a disfrutar y compartir esa alegría. 

El público impaciente pedía más canciones a terminar el recital, pero fue tarea imposible convencer a Degradé ya que la noche había terminado de una vez y todas y ya era hora de partir a casa, rozar la almohada y dormir plácidamente. Con la exaltación y la felicidad, conciliar el sueño me fue complicado. Por eso encaré directo a comer unas buenas pizzas con unos porrones a La Chamuyera acompañado por mis amigos de Los Commoners y la noche concluyó con panza llena, corazón contento, risas y música.
El cierre más esperado. Las canciones pop/rock de Degradé dejaron con ganas a los presentes.

Luciano Brunelli

Ante la ley: una huella de la memoria

Una imagen vale más que mil palabras. Porque en ellas esta guardada para siempre he irrevocablemente el pasado. Un pasado que muchas veces puede incomodar y puede avergonzar pero es un pasado en fin. Una imagen pretende mostrar el llanto, la angustia o resignación de un momento determinado y logra, incluso, revivirlo.


Esto es lo que, efectivamente, consigue la exposición fotográfica “Ante la Ley” que tiene lugar en el Museo de La Memoria. La muestra comenzó el 25 de marzo y se encontrará allí hasta el 23 de mayo, de martes a viernes de 12 a 18 y los sábados de 12 a 20. Reúne las obras de fotógrafos de Rosario, Buenos Aires, Tucumán y Córdoba.
En el año 2003 se reabren en el país los juicios que buscan esclarecer crímenes cometidos en la última dictadura militar. A partir de allí en diferentes provincias y ciudades comenzaron los juicios de carácter oral y público. En las diversas jornadas decenas de reporteros gráficos pretendieron captar con sus cámaras la intensidad de aquellas instancias.
Aquello es lo que pretende, y de hecho lo logra, Federico Castelli cuando capturó con su lente a Rafael Francisco Díaz, ex detenido. Un anciano que carga en su rostro la angustia de haber perdido a su hijo, Rafael, que hasta el día de hoy continua desaparecido.
¿Qué hay detrás de las plegarias? Es un interrogante que aparece después de observar una de las tantas imágenes que presenta esta muestra. Hay un hombre arrodillado que le reza a tres fotografías. En una de ellas está escrito: “Papá falleció el año que desapareciste”, en la siguiente dice: “Mamá te buscó por 9 años”, en la última solo un nombre “Jorge Horacio Novillo”. Solo es el nombre de una de las 30.000 personas que se cobró la dictadura.
Mientras tanto de fondo se escucha la voz de Eve de Bonafini que sale de un video. Parece efusiva, indignada y a su vez cansada al dar uno de sus tantos discursos. “Los que seguimos adelante nos quedamos”, reza una frase escrita en manuscrita en un suelo gris con azulejos rojos que aparece en otra fotografía. Está pertenece a la serie “Más que nunca” del rosarino Matías Sarlo.
Por momentos ya no se escucha la voz de la “Madre de plaza de mayo”. La película la remplaza por gritos y tiroteos que provienen de una manifestación. Por su lado Fabián Font logró capturar una imagen que encaja a la perfección con lo que se oye de fondo. Una calle plagada de humo donde un hombre y una anciana con un pañuelo blanco en la cabeza huyen cubriéndose el rostro con las manos.
Hay una mirada que llama la atención por encima de las tantas que se inmortalizan en las fotos. Es un hombre de ojos cínicos y sonrientes. Lleva una vincha blanca que dice “legalidad” y tiene un gesto burlón mientras saluda a la cámara con la mano en forma de V.  Su nombre es Daniel Amelong un abogado represor.
Alrededor de 160 personas fueron sentenciadas en Argentina en el 2013 por crímenes que se cometieron en la última dictadura militar. Actualmente hay 1.069 procesados, 520 condenados y 60 absueltos, sin embargo solo 71 personas cuentan con la sentencia firme.



¿Pero que hay después del dolor? ¿Qué queda después de aquella mancha imborrable que deja la historia? Quizás la certeza de que algo todavía se puede hacer y el Museo de la Memoria está, casi por completo, empapelado por aquella idea. Lo dicen centenares de cartelitos pegados al piso y a la pared. Cartelitos que sentencian: “Lugones Ruiz, Enrique Pedro: PERPETUA”,  “Cao, Leopoldo: 25 años”, “Lucena, Carlos Alberto: 16 Años”. Simples, pero fuertes palabras que la gente descuidada y simbólicamente pisa al pasar.

sábado, 17 de mayo de 2014

REALISMO QUE INSPIRA

Obras del siglo pasado, algunas más destacas que otras. Desde retratos hasta paisajes de una determinada zona de la ciudad se expusieron en la Fundación Osde de la ciudad de Rosario. Parte de marzo y mayo fueron los meses elegidos para que el boulevard Oroño se colmara de tres pisos enteros con puro y exquisito realismo.


La primera se dio a conocer como "Campesina" y fue pintada en el año 1935 al igual que la segunda, la cual no tiene titulación. Ambas son obras de Anselmo Piccoli, maestro argentino del constuctivismo abstracto. En los dos retratos, lo que se destaca por sobretodo son los ojos, más bien la mirada penetrante que infunden. Otra característica que prevalece es la expresión de la boca, un semblante algo amargado. Por el contrario, los ámbitos de los hombres no parecen ser los mismos: uno de pueblo y otro de campo. 
            

"La trilla" es de 1935 y fue pintada por Luis Ouvrard. Aunque esta obra tenga una gama de colores tenues, de alguna forma, al mayor contraste lo obtuvo con lo que allí quiere representar. Enfrenta a trabajadores vivaces, vigorosos y dispuestos; pero por otro lado, también pretende mostrar una parte muerta de la sociedad, simbolizada por las bolsas llenas de materiales o comestibles de aquella época.

                         


Entre tantas, Juan Grela se luce con "Cruce Alberdi", pintada en 1946. Ver  hoy esta zona resulta fascinante, de alguna manera nos proponemos comparar aquella ciudad antigua con la que  es actualmente. Por la cantidad de edificaciones que se ven dentro de la obra y si nos situáramos más de medio siglo atrás, presentiríamos en lo que se iba transformar Rosario, tanto en lo bueno como en lo malo. Dejando las sensaciones de lado, el cuadro logra una amplia profundidad de campo para dimensionar correctamente las figuras que lo constituyen.


Con Aldo Magnani y sus cuatro obras hechas desde 1960 a 1971, observamos como prevalecen mayoritariamente las figuras geométricas. En donde más se nota es en la forma de los ojos y de la nariz. Cejas curvas que denotan amenaza o ánimo desafiante, se penetran tan fácilmente que uno mismo puede quedarse minutos contemplando y tratando de interpretar estas relevantes imágenes.


Mi atención completa fue captada por Ricardo Sivori y su pintura llamada "Linyera", la cual fue hecha en 1935. Sin duda su nombre es explícito y evidencia lo que el mismo lunfardo significa. Los ojos permanecen cargados de cansancio, soledad y tristeza, cosas que adivinamos en estas personas que vagabundean por las calles sin saber siquiera acerca de su vida a corto plazo. La barba y la boina que lleva este hombre están logradas de una forma natural, en una especie de dimensión 3D. Sin duda es un trabajo que distingue e identifica a una parte de la sociedad presente en todas las épocas. 


Leónidas Gambarte nos invita a imaginar y a volvernos niños de alguna forma cuando observamos sus obras, hechas de 1938 a 1942. Cada una nos dirige hacía un mundo realista pero que a la vez mantiene un tono soñador, surreal. En la mayoría, lo que más se destacan son las personas, quienes siempre ocupan un rol identitario en el cuadro. Las demás figuras nos dan a conocer el contexto, el por qué de la actitud del personaje central.






miércoles, 14 de mayo de 2014

SOLEDAD SILVEYRA EN EL 9° FESTIVAL DE CINE PARA LA TERCERA EDAD

Cattaneo.

El pasado sábado 10 de mayo se realizó en el Teatro La Comedia (Ricardone 2000) un homenaje a la telenovela “Rolando Rivas, taxista” que contó con la presencia de Soledad Silveyra. El mismo se llevó a cabo en el marco del noveno festival de cine para la tercera edad “Una mirada mayor”, organizado por la Dirección de Adultos y Adultas Mayores de la Municipalidad de Rosario.

La actividad comenzó a las 15 horas con la transmisión de la película filmada en 1974 que puso fin a la exitosa novela. Ésta fue escrita por Alberto Migré y está protagonizada por los actores Soledad Silveyra y Claudio García Satur.

La historia narra la vida de Rolando (García Satur), un taxista que queda viudo de su segunda esposa y debe criar al hijo de aquella. Un día en Ezeiza se vuelve a encontrar con su primera mujer, Mónica (Silveyra), con quien viviera durante un año una relación conflictiva. Ahora ella, luego de haber sido estafada y quedar en la ruina, trabaja de azafata. Finalmente entre ellos dos renace el amor.

Por otra parte, la jornada fue coronada con la presencia de Soledad Silveyra y una entrevista en vivo realizada por el periodista Juan Junco a sala llena. El público no dudó en demostrar cariño hacia la actriz a quien no paraba de ovacionar.

“Yo recién empezaba y Migré no me quería a mí de entrada, la quería a Nora Cárpena. Hice la novela por quien era el director artístico del canal en el que yo había hecho una novela anterior (‘Así en la villa como en el cielo’). La verdad que nos fue muy bien con esa novela y el director quería que yo haga ‘Rolando…’ y la hice por él, no por Alberto (Migré)”, contó Silveyra.

“Hice el primer año de la novela y el segundo lo hizo Nora porque me fui a hacer ‘Pobre Diabla’. Al otro año -en el ’74- se hizo la película. Fue un honor para mí que volvieran a Mónica. Lo viví como un regalo”, dijo.

Sobre el éxito de la telenovela, apuntó: “Tal vez porque veníamos de varias novelas del exterior, donde no se hablaba de la cotidianeidad. Yo creo que la genialidad de Alberto fue contar las situaciones de la ciudad. Eso fue lo que pegó de ‘Rolando…’, que la gente se reconocía, se veía reflejada en la novela”.

La película pudo ser transmitida gracias a que un coleccionista argentino de programas de televisión que vive en Canadá envió la copia. Sobre esto, Solita expresó que “mandaron a hacer una nueva copia a EEUU”. “La peli no estaba acá, como muchas películas argentinas. No nos caracterizamos nosotros por tener buenos archivos. Es algo que debemos tratar de corregir como sociedad”, continuó.

Y finalizó: “Rolando me ha abierto la puerta a todo, primero que me dio una popularidad y un afecto de la gente que yo he tratado en todos estos años de seguir manteniendo. La verdad que Alberto me dio esta carrera y me educó”.

Por último -y con la presencia de la Intendenta, Mónica Fein-, se declaró a Solita “visitante distinguida de la ciudad”, quien sostuvo que “Rosario es una fábrica, una fuente de trabajo”. “Los actores les estamos profundamente agradecidos por ser tan teatristas porque venir acá muchas veces nos salva el año”, afirmó.

LA VUELTA DE QUIQUE PESOA A LA RADIO

LA VUELTA DE QUIQUE PESOA A LA RADIO

EL DESCONCIERTO DE LA MAÑANA

Comenzando la mañana de mi miércoles una duda hurgaba en mi mente, sobre qué realizaría la próxima crónica para la clase Periodismo Gráfico. Entre tantas cosas por hacer en la mañana tenía anotado en un costado, en un clásico memo post-it digital, en apuradas y escritas palabras: “Pesoa, radio miércoles 10 am”. Entonces ese post-it, papelito, recordatorio o como quieras llamarle querido lector disipó aquella duda que comenzó en mi mañana.

Quienes aquellos escuchan su programa del día lo toman como una tradición, como una costumbre. Un café, unas ganas de compartir una voz aunque esté del otro lado de un radio transmisor o una autopista de datos continua en la que si hay mucho tráfico o un accidente aquella voz puede llegar tarde, pero segura. Entonces dicha costumbre me ha inundado a mis 21 años y por eso lo empecé como debía: un potente café junto a unos deliciosas tostadas, tener preparado los dedos para narrarles estas palabras que lo inundarán de la vorágine de la vuelta de Quique Pesoa y el oído bien abierto para captar todos los momentos.

Desde las 9 am nuestro Quique, comenzó a pasar música en una clásica previa en la que resonaron versiones de The Beatles o algunos tangos que sorprendieron a los radios escuchas de Red Surcos a través de Internet o quienes tienen la posibilidad de escuchar en su radio El Desconcierto, que tendrá su emisión Miércoles de 10 a 13 con columnistas como su hija Lucila Pesoa que contará a la gente que nuevas cosas ofrecen los museos o el groso de la radio de nuestra ciudad, Raúl “Bigote” Acosta como corresponsal desde la ciudad que nació a la vera del Río Paraná.

Entre tantas palabras de bienvenida el ex locutor de Está En Vos, famoso programa que conducía por Red TL, aclaro: “Como primer programa, puedo equivocarme de mouse y hacer cagada. Cosas que pasan. Hay oficios como este que exigen cierta gimnasia cotidiana.” Zafando aquellos posibles errores de un primer programa con unas cálidas palabras, también contó acerca de la dicha de volver había comenzado hace un tiempo “tuve una maraña de cables que sacar, cambiar, soldar y acá ahora estoy con una pc que me muestra que he comenzado el steaming”.

Primera comunicación de la mañana con Bigote Acosta detallando actualidades de cómo se encuentra el escándalo frente al narcotráfico en nuestra ciudad, la llegada de nuevas fuerzas de apoyo para luchar contra los bunkers de droga, una nueva visita del ministro de seguridad Sergio Berni, entre otras cosillas que por aquí no contaré ya que usted mismo puede enterarse. Terminada aquella comunicación en la que se destaca el cariño y respeto de ambos dichosos amantes del micrófono y los espacios acustizados, llega el primer error de la mañana: el Quique equivoca uno de los ocho mouse que tiene en su estudio montado en su casa de la tranquila San Marcos Sierra la cual decidió ir cuando la loca ciudad de Buenos Aires lo inundó en fama y desconcierto frente a su vida.

Luego de algunas canciones se comenzó a rememorar viejas épocas en la radio cuando realizaba “El Desconcierto De Los Domingos”, programa mañanero de esos días donde la gente descansa y que hace 3 años dejó sus transmisiones. A casi las 11 de la mañana, ya completa la primera hora de programa, se escucha un discurso sorpresivo: una grabación de Ramón Cortés, uno de los oradores en el día del acto del trabajador que se hizo en Plaza De Mayo de la ciudad de Buenos Aires y también uno de aquellos presos hablando acerca del hecho que ocurrió en Las Heras. Luego de escuchar el audio Quique repasa los hechos de las detenciones, y luego encarcelamiento injusto, y realiza un monólogo excepcional.

Algún que otro descanso musical con música de la pachamama, del folclore mismo hablamos, llega Luis Mattini, el diccionario caminante del programa. Destacaron en una relajada charla el significado del nombre del programa. Más tarde llegaron los saludos: una lista infinita de personas que de todas partes de Argentina y gente del exterior agradeciendo y generando temas rápidos y cortos de conversación con uno mismo demostrando como se llega bien lejos, y hasta a veces profundo, con un programa de radio.

Rozando las dos horas del primer programa, llega el momento del recuerdo: Juan Alberto Badía. Recordándolo de la mejor manera como se podía: como aquel fanático de los 4 de Liverpool y dada la ocasión, pasando una parte de los últimos programas que hizo Badía, “Con Los Beatles” grabado desde su casa. Remata luego de ese momento nostálgico con una de las famosas aguafuertes de Roberto Arlt “Aristocracia de Barrio”.

Ya se nos acerca el mediodía, la pausa para comer y el programa se torna más a un tono de relax: canciones y menos palabras. Más disfrute acompañado con un DJ que rejunta una zamba con dos violines tocando sonatas o un vinilo desempolvado rayando la púa y haciendo recordar las viejos épocas de la música.

En fin, cerrando el programa Quique Pesoa presenta el disco doble “Fander” de su entrañable amigo Jorge Fandermole. Últimos mensajes de la audiencia y destaca el final “capaz que la semana que viene hacemos otro o pasamos este, se va empobreciendo esta cortina. Ya está, se terminó”. Y así cerró su primera transmisión El Desconcierto. Una nueva manera, forma o más de lo mismo pero con la vuelta de unos de los grosos.

Un fuego que no se extingue

“Un mundo de vibraciones que te puedo regalar”. Con aquella frase se sintetiza la esencia de la exposición “Yo Sandro”, que tuvo lugar en el Centro de Expresiones Contemporáneas desde el 22 de marzo hasta el día 27 de abril.

Sublime recopilación de toda una vida, de quien, sin duda, fue un símbolo cultural del país. Coleccionistas y hasta la misma Olga Garaventa presentaron la trayectoria del Gitano. Los stands mostraban desde portadas de revistas, ropa del cantante, hasta premios y diplomas .Lo más curioso fue un baño con la voz de Sandro cantando en la ducha “Ave de Paso”, tema que aparece en la película “Muchacho” de 1967.
Ese fenómeno o aquella enfermedad que representó Sandro para Latinoamérica se podía palpar en todo el lugar. Titulares rezaban: “Gritos histéricos y desmayos ayer en el festival de Almeida”, “Las mujeres iban a la peluquería para sus recitales”. Las vitrinas mostraban cantidades de rosarios que fanáticas le arrojaban al músico, cartas marcadas con lápiz labial y fotos de mujeres desvanecidas.
Un poster de Sandro y Susana en la película “Tú me enloqueces”, discos de vinilo, fotos de la infancia y portadas de la revista Antena dejaba un sensación de túnel del tiempo. Un compilado seductor para quienes formaron parte de la época y de la fiebre del Gitano.
El público que asistió oscilaba entre los 60 y 70 años, es decir, los que conocieron a este simbólico personaje  en su esplendor. Sin embargo iban a acompañados por sus hijos y nietos. “gente que vino para mostrarles a sus hijos quien era y que era Sandro”, explica Cristian Marcesi Director General del Centro de Expresiones Contemporáneas.
Sandro, como bien dice uno de sus temas, era un mundo de sensaciones. Sensaciones que fanáticos, seguidores u simpatizantes le recordaron a través de un mural. Escribiéndole desde: “No habrá otro igual jamás”, “Como no amarte si fuiste y serás nuestro amor”, hasta: “Sandro gracias a vos mi novia me perdona”.
El galán argentino causaba todo esto: amor, simpatía y locura. Un vaivén de sentimientos que después de cuatro años de su deceso sigue intacto. “Esta es la tercera vez que vengo”, cuenta Nidia Joveli mientras se saca fotos en el stand de la ropa del músico, y luego agrega: “La primera vez que vine lloré muchísimo”. Por otro lado Nelly Perez explica mientras abraza la biografía de su ídolo: “Yo estuve como un año y medio sin escuchar a Sandro después que murió, porque me hacía mal”.
Los maniquíes daban una sensación de tenerlo ahí. Ubicados en las poses más frecuentes del músico. No falto ningún componente. Todo lo esencial, la vida y obra de un personaje entrañable se encontraban allí. Quizás para quienes lo seguían fervientemente la pieza fundamental estaba ausente. Sin embargo  unos pocos renglones escritos en un mural expresaran el consuelo de muchos. “Siempre estarás aquí”

miércoles, 7 de mayo de 2014

Exposición por el aniversario del museo Macro

LEGAJOS DE DIEZ AÑOS

Cattaneo.

Desde el 21 de marzo hasta el 24 de junio se realiza en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro) la exposición “Legajos”, basada en un recorte de la primera colección de arte contemporáneo de Rosario.

La muestra se lleva adelante con motivo del aniversario de los diez años de la inauguración del centro y se desarrolla en los pisos cuarto y quinto del edificio.

En primer lugar, en el cuarto piso se puede observar obras de los artistas rosarinos Eladia Acevedo, Raúl D’Amelio, Daniel García, Graciela Sacco y Fabiana Ímola.

La producción realizada por Acevedo busca irrumpir en 1999 con una propuesta distinta. La misma se trata de un conjunto de objetos realizados en resina poliéster verde que deja al espectador con la inquietud de qué quiere decir. El misterio, pero también la suavidad y la brillantez se hacen presentes en las cinco piezas que, de mayor a menor, parecen deslizarse por la pared.

Luego, se puede visualizar la fotografía “Hand” de D’Amelio. Ésta fue tomada en el año 2000 y se muestra la mano de una anciana sobre su pecho. La calidad de la imagen permite detenerse en detalles: Las manchas en la piel y las arrugas dejan en claro una historia de amor y lucha. Quizás de la lucha contra la dictadura más sangrienta de nuestro país.

Muerte, dolor y angustia. Esos son los sentimientos que transmite la pintura de García de 1995. La misma recibió el nombre de “Dearth Mask” y transporta al público al medio de la Alemania Nazi. Allí un hombre blanco -con calaveras por toda la cara y las puntas de la esvástica que le salen por las orejas y el mentón- lo mira fijo.

Por su parte, la heliografía de Sacco “Cuerpo a Cuerpo” de 1996 recoge fotografías de registro de diarios antiguos. Sobre las maderas viejas de distintos tamaños apoyadas sobre la pared se puede distinguir a un joven en medio del conflicto, en posición de ataque, como si estuviese por arrojar algo. La trasgresión y la violencia se expresa a través de los tonos marrones a los que recurre el autor.

La última obra del salón es la que Ímola realizó en 1999. La autora logra, a través de la inclusión de elementos vegetales como semillas secas en la madera calada, una silueta marrón no muy definida que permite al espectador navegar con su imaginación por el medio de la naturaleza.

Por otra parte, el quinto piso se encuentra ocupado por distintas instalaciones de los también rosarinos Noemí Escandell, Jorge Orta, Diana Kleiner y Nicola Constantino.
La producción de Escandell, “Manantial” (1995), está compuesta por cuatro cilindros de madera forrados en terciopelo negro y con una superficie circular de mármol, acrílico y metal en las partes superiores. Cada una de dichas piezas contiene esferas de vidrio con algodón, pelos sintéticos, ceniza orgánica, y semillas vegetales. Sin lugar a dudas cada uno de estos elementos, que forman un todo, están influenciados por la dictadura y generan tensión e inquietud en el espectador.

Por su parte, Orta realizó -con una caja de madera dividida en cuadro ventanas con vidrios que permiten ver su interior- una obra que intenta demostrar, como su nombre lo indica “la línea de la vida”. Recurrió a dos fotos-diasec de cuerpos –uno masculino y otro femenino- con un corazón pintado en cada uno. En las otras dos ventanas había varios corazones de cerámica colorada, naranja, dorada y negra. Esta obra forma parte de una campaña a favor del trasplante de órganos.

“En el umbral de la espera”, la instalación de Kleiner fue creada en el año 2000 a base de tres prismas de madera pintados de blanco. Sobre de cada uno de los cuerpos hay libros de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en miniatura cubiertos con resina. Algunos abiertos, otros cerrados. La autora se anima a jugar con el deseo de leer los libros y la imposibilidad para hacerlo.

Completa la muestra la obra de Constantino del año 2000 hecha sobre cajones de madera, con aluminio y resina poliéster. En dos de las cajas se ilustran dos caballos procedentes aparentemente de Entre Ríos. Uno de ellos acostado con un ternero al lado y el otro sentado mirando para arriba. En una tercera caja se puede observar una yegua de unos 22 kilos, según indica una placa de aluminio pegada al lado. Los animales son centrales en las producciones de la autora.

La exposición se puede visitar los cualquier día (salvo los miércoles) de 14 a 20 horas en Estanislao López 2250 (Bv. Oroño y el río Paraná) en los Silos Davis. El costo de la entrada a partir de los 12 años es de siete pesos.

ANÁLISIS DE “LA VENTANA INDISCRETA” EN FUNCIÓN A HOPPER

Cattaneo.

En la película “La Ventana Indiscreta”, dirigida por Alfred Hitchcock aparecen varios elementos equiparables al estilo de pintura de Edward Hopper. Esto lleva a pensar que este último pudo haber sido una fuerte fuente de inspiración para el cineasta.

El primer aspecto que salta a la vista tiene que ver con un componente fundamental de la película que es la ventana y las ventanas, a propósito del título. La insistencia de Hopper en ilustrar ventanas como uno de los factores más significativos y comunes de sus obras forma parte de dicha similitud.

En “La Ventana Indiscreta”, el protagonista (L. B. Jefferies) comienza observando a sus vecinos para luego pasar a espiarlos desde su casa. Seguir la rutina de cada uno de ellos era el pasatiempo que había encontrado el fotógrafo. Es así cómo surge la sospecha desencadenadora de la trama.

Por su parte, el pintor estadounidense también recurría frecuentemente a la figura de la ventana para realizar sus retratos y proyectar en ellos la sociedad contemporánea de su país: hombres y mujeres pensativos, mirando hacia fuera en muchos casos y vistos desde afuera, por los espectadores, en otros.

Al mismo tiempo, la soledad y el encierro en sí mismo son aspectos presentes en ambos casos. En la película de Hitchcock, el personaje central vive solo y se encuentra encerrado en su departamento, sentado en una silla de ruedas producto de una fractura en su pierna. No podía hacer mucho, es por eso que se entretenía espiando a través de unos largavistas.

Personas solas con la cabeza gacha, parejas calladas, mujeres desnudas o semidesnudas, oscuridades y luces y muchas ventanas se reiteran.

En sintonía, también en Hopper el aislamiento, la melancolía y la angustia son moneda corriente. En cada una de las obras pareciera que sus personajes principales están solos en un mundo desahitado. El pintor muestra presencias que son ausencias. Hay silencios eternos.

Otra analogía tiene que ver con el vasto uso de tonos sobrios y apagados que aportan mucho –tanto en la película como en las piezas artísticas– a la búsqueda de esa añoranza.

Por último, la utilización de líneas rectas, cuadrados, rectángulos y la búsqueda de la perfección en cada detalle -principalmente en las edificaciones y los objetos- son motivo de deleite en ambas realizaciones.

MUESTRA COLECTIVA EN EL CENTRO CULTURAL ROBERTO FONTANARROSA

Cattaneo.

Desde el 14 de abril, y hasta el 11 de mayo, se lleva adelante la muestra colectiva de pintura en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa de la Ciudad de Rosario. De la misma participan los artistas rosarinos Gladys Comba, Verónica Ciriaci, Claudia Sánchez y Miguel Otero Bordel.

Las primeras siete obras expuestas sobre las paredes y los paneles blancos de la sala del segundo piso corresponden a Sánchez.

Flores, hojas, aves y un lago. En sus obras transmite, a través de los paisajes y las plantas, aire puro y frescura. La pintora deja sobre las cartulinas blancas la huella del pincel bañado en tinta china con tonos azules, verdes, amarillos y rojos que parecen trasladar al público al medio de la naturaleza.

Luego le siguen las siete obras de Otero Bordel que -con acrílico, el óleo y el esgrafiado- logra, con la ayuda del pincel y las gubias, reflejas las edificaciones de la Catedral San Basilio de Moscú, la Basílica de Luján, la Iglesia Santa Sofía de Harbin, el Museo de Arte del Tigre, al Torre de Belem de Lisboa, la Catedral de Notre Dame de París y el Congreso Nacional argentino.

El estilo del artista respeta cada detalle y mediante de los efectos sobre la madera transporta al espectador frente a cada uno de esas edificaciones.

Las siente pinturas de Comba, realizadas con óleo pastel, aguarrás, acrílico, cola vinílica y óleo muestran en su mayoría mujeres desnudas con distintos estados de ánimo y realizando variadas acciones. Utiliza sobre las maderas tonos azules, marrones, rojos, amarillos y dorados.

Las últimas siete obras pertenecen a Ciriaci. En sus realizaciones, la autora transmite melancolía y nostalgia. Sobre las telas se aprecian los rastros de sus tintas, ceritas y óleo que permiten advertir construcciones, personas, animales y objetos borrosos. Las sombras y oscuridades a las que recurre producen incertidumbre, misterio, soledad y tristeza.

La muestra está supervisada por Norberto Moretti y se puede visitar de forma gratuita de lunes a viernes de 9 a 21 horas y los sábados, domingos y feriados de 10 a 18 hs en San Martín 1080 (Plaza Montenegro).